Manifiesto en el Día de las Trabajadoras Sexuales

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Hoy conmemoramos un gran día, un suceso que marcaría para siempre la historia de nuestras vidas, cuando en la mañana del 2 de junio de 1975 alrededor de 150 compañeras trabajadoras sexuales ocuparon la Iglesia de Saint-Nizier de Francia en protesta por las constantes violaciones y atropellos de las que eran y somos víctimas las mujeres trabajadoras sexuales en el mundo.

Hoy conmemoramos un gran día, un suceso que marcaría para siempre la historia de nuestras vidas, cuando en la mañana del 2 de junio de 1975 alrededor de 150 compañeras trabajadoras sexuales ocuparon la Iglesia de Saint-Nizier de Francia en protesta por las constantes violaciones y atropellos de las que eran y somos víctimas las mujeres trabajadoras sexuales en el mundo. Transcurrieron 8 días de esta heroica ocupación hasta que finalmente fueran expulsadas violentamente por la policia, esa misma policía que hoy, 41 años después sigue avasallándonos, violándonos, extorsionándonos y asesinándonos a su antojo, ante la mirada complice de los gobiernos, la estigmatización de los medios de comunicación y la discrminación e indiferencia de una sociedad regida por una doble moral a la medida y conveniencia.

Hoy nosotras nos solidarizamos con las luchas todas y todos los trabajadores de este país, de este continente, del mundo. Porque nuestra lucha es la misma que la del maestro, la del médico, la del obrero, la de todas y todas compañeros trabajadores que somos la sangre viva que resiste a un sistema que prima el interés económico de unos pocos por encima del bienestar de toda la humanidad, pero que unidos somos más fuertes y libres para construir un mundo justo con los mismos derechos para todos y todas.

Hoy, a las afueras de la Asamblea Nacional de Diputados, nosotras, mujeres trabajadoras sexuales independientes, autónomas, que somos esposas, madres, hijas y hermanas le exigimos al Estado Panameño que de una vez por todas aborde la situación que enfrentamos día y noche en ejercicio de nuestra profesión, que sobrevivimos al vacío legal que nos priva de derechos, de acceso a créditos para una vivienda, a una jubilación honrada, a servicios de salud de calidad y a una vida digna, fruto del esfuerzo que realizamos con nuestro cuerpo.

¡No somos putas ni prostitutas, SOMOS TRABAJADORAS SEXUALES!

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