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El 2 de junio conmemoramos el Día Internacional de la Mujeres Trabajadoras Sexuales, fecha en que se recuerda la lucha de 150 mujeres trabajadoras sexuales exigiendo el cese de la violencia policial.
Aquel suceso, ocurrido en 1975, es el primer registro histórico de una huelga de trabajadoras sexuales de gran magnitud, que se expandió a otras ciudades de Francia y logró el apoyo del pueblo.


A 36 años, las trabajadoras sexuales de Latinoamérica y el Caribe -además de recordar aquellos hechos de violencia y reivindicar la lucha de las compañeras- podemos celebrar por los logros cosechados. Quienes decidimos crear e integrar la RedTraSex, tomamos aquellas demandas y fuimos por más: hacer oír nuestra voz.

Nos unimos en la lucha contra la explotación, el abuso de las fuerzas policiales y la abolición de cualquier legislación que vulnerara nuestros derechos como personas. En el trayecto crecimos, fortalecimos nuestras organizaciones y logramos mayor sensibilización de la población sobre nuestras problemáticas. Nuestras propuestas comenzaron a ser consideradas para el diseño de políticas públicas, aumentando la presencia de las trabajadoras sexuales en espacios políticos a nivel nacional, regional e internacional.

Trabajamos en la prevención del VIH/SIDA con nuestras compañeras, desarrollando estrategias entre pares. Y comenzaron a invitarnos a conferencias y foros de género, salud sexual y reproductiva y VIH/SIDA para escuchar nuestra historia y que nuestra metodología de trabajo pudiera ser replicada. Entonces incrementamos la visibilidad de las trabajadoras sexuales y dejamos de ser para muchos medios de comunicación las “putas que no valían”” para ser las protagonistas de nuestras historias de vida, historias de lucha.

La organización nos permitió entender que, más allá de las problemáticas particulares que enfrentamos por ser mujeres y por ser trabajadoras sexuales, somos parte de un pueblo excluído que demanda por sus derechos humanos. No estamos solas, la fuerza de una historia de lucha nos sostiene.

Hoy, como autoras de nuestras vidas, sabemos y decimos lo que necesitamos: que nuestro trabajo sea reconocido como tal y que nuestra actividad esté en igualdad de condiciones con la de cualquier otro trabajador o trabajadora. Exigimos ser tratadas como sujetos de derecho: vivir y trabajar en condiciones dignas, sin violencia, con una atención integral de nuestra salud, sin estigma ni discriminación.

Nos animamos a hablar con nuestra propia voz y a organizarnos, despertando las ganas de transformar el mundo. Nunca más dejaremos que decidan o hablen por nosotras. Como dicen mis compañeras de UNES, Paraguay, antes nos escondíamos para morir y hoy damos la cara para vivir.

Elena Reynaga

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