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10/12/2012 - Secretaría Ejecutiva

Todas las mujeres, todos los derechos

El 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, nos motiva a una profunda reflexión sobre la situación de nosotras, las trabajadoras sexuales y el respeto de nuestros derechos.

La primera década de este siglo dio lugar a una nueva perspectiva sobre los derechos humanos, incorporando otros enfoques y a nuevos actores sociales con demandas propias. Sin embargo, el respeto pleno de los derechos humanos de las mujeres trabajadoras sexuales aún es una deuda.

El trabajo sexual es una actividad legalmente permitida en toda la región de Latinoamérica y el Caribe, pero a la vez condenada por la sociedad e ignorada por el Estado. Situación que nos obliga a vivir en condiciones de riesgo por la invisibilización de nuestra actividad.

Es un hecho que desde la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, realizada en Viena en el año 1993, la perspectiva de género y el sistema de derechos abrieron paso hacia el adelanto de las mujeres. Sin embargo, en lo que a nuestro trabajo respecta, los gobiernos de la región se han abocado cada vez más a ejecutar leyes prohibicionistas del trabajo sexual y no a cumplir con nuestros derechos o a mejorar nuestras condiciones de vida.

Por ello recordamos que:

  • Los derechos humanos son universales. No puede haber ninguna distinción en su aplicación; por tanto las mujeres trabajadoras sexuales tenemos derecho al goce y ejercicio de todos ellos.
  • Los Estados tienen el deber de promover, respetar y garantizar los derechos humanos. Tienen la obligación legal y moral de implementar los derechos humanos para quienes ejercemos trabajo sexual y es responsable de la violación de nuestros derechos.
  • Los derechos humanos deben ser garantizados sin discriminación y en pie de igualdad. Los Estados deben garantizar la protección integral de las personas, especialmente la igualdad en la diversidad y la no discriminación, priorizando la atención hacia los grupos que requieran especial consideración por la persistencia de las desigualdades, exclusión, discriminación o violencia, como es nuestro caso.
  • Los derechos humanos no son discrecionales. Los Estados no pueden decidir respetarlos o no, es su obligación promoverlos, protegerlos y garantizarlos. Por tanto no existe la posibilidad de que el Estado justifique no cumplir este mandato a favor de los derechos de las mujeres trabajadoras sexuales.