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31/08/2012 - Secretaría Ejecutiva

Vulnerar los derechos de las trabajadoras sexuales

En el marco del 11º Simposio Internacional de SIDA 212 organizado por Fundación Huésped, Elena Reynaga –fundadora de AMMAR y secretaria Ejecutiva de la RedTraSex- expuso las dificultades que se presentan para las trabajadoras sexuales hoy día con las actuales medidas anti-trata que se están tomando.

En la mesa “Vulnerabilidad, Mujer, VIH y otras ITS”, que Elena compartió con Marcelo Colombo, Fiscal Coordinador de la Unidad de Asistencia para la Investigación de Secuestros Extorsivos y Trata de Personas (UFASE) y Lilián Abracinskas, Directora de Mujer y Salud en Uruguay (MYSU), se abordaron distintos aspectos que afectan a la vida de las mujeres. Tres enfoques para tratar una misma problemática: la vulneración de derechos de la mujer y su vínculo con el VIH.

Abrió el panel Lilián quién analizó los avances que ha habido en materia de derechos para las mujeres del Uruguay gracias a diversos movimientos sociales. A modo de ejemplo, Lilián describió las condiciones que las maestras en el año 1923 debían cumplir para ser contratadas: no casarse, no andar en compañía de hombres, no pasearse por las heladerías del centro de la ciudad, no teñirse el pelo, no maquillarse entre otras medidas hoy absurdas. “Sin duda esto ha quedado atrás”, sostuvo la Directora de MYSU, “pero aún queda mucho por hacer”, agregó.

Abracinskas dio cuenta de la violencia sexual, doméstica, laboral y de género hacia las mujeres de todas las edades y condiciones. Con amplias tasas de desempleo femenino, brechas salariales, escasos puestos jerárquicos ocupados por mujeres, con urgencias en el campo de la salud que no han sido abordadas, la vulneración de derechos femeninos requiere, sostuvo Lilián, políticas de igualdad de género, para atender a las inequidades y corregir razones que la generan.

Por su parte, Colombo de la UFASE agradeció la invitación y valorizó el espacio, reconociendo que es “responsabilidad de los fiscales y los jueces generar esa interface con la sociedad civil”. Retomando ciertas cuestiones del análisis de la Directora de MYSU, Colombo planteó la importancia de la Ley 26.364 de Prevención y Sanción de la Trata de Personas, basado en un Protocolo de Naciones Unidas del año 2000, para combatir este delito.

Si bien el modelo argentino en cuanto al trabajo sexual es abolicionista, es decir que busca castigar al proxeneta y no a quien ejerce la prostitución, según el mismo Colombo: “Esto hoy no se cumple en Argentina por las malas aplicaciones que se hacen sobre el delito y sobre las contravenciones”. El fiscal contó a la audiencia presente que “en los allanamientos de los prostíbulos, las mujeres son las primeras en salir corriendo porque son las que históricamente fueron perseguidas”.

Sin embargo luego de esta especie de “mea culpa”, el fiscal Colombo cometió un reduccionismo al poner en un mismo nivel el trabajo sexual autónomo y la trata de personas. El coordinador de la UFASE sostuvo que “en cualquier caso de práctica prostibularia -donde se desarrollan prestaciones sexuales en un prostíbulo, y que las mujeres que están allí son mujeres pobres y parten de una situación de vulnerabilidad. Lo que decimos que la Ley de Trata al haber incluido el abuso a una situación de vulnerabilidad como un elemento del que se vale el tratante para someter, deja muy poco espacio para suponer que hoy pueda existir una practica prostibularia que no sea trata de personas con fines de explotación sexual”.

Frente a esta afirmación, Elena Reynaga expuso, con ejemplos concretos, cómo las políticas anti-trata provocan más vulnerabilidad de las trabajadoras sexuales en términos del VIH, en lugar de protegerlas del proxenetismo y dio cuenta de la gran cantidad de mujeres que ejercen el trabajo sexual por su cuenta sin sentirse víctimas o sometidas por nadie.

“Yo soy la mujer prostituida como ustedes dicen”, respondió Elena al Fiscal, “pero nosotras nos asumimos como trabajadoras, nos reivindicamos como trabajadoras sexuales, no somos víctimas, para nada” afirmó. “Creo que lo hemos demostrado en 19 años de militancia, haciendo todo lo que estamos haciendo, a puro pulmón. Con centros de salud como el de La Plata; con escuelas como la de Córdoba; rediciendo la prevalencia del VIH del 6% casi al 1,9% por todo el trabajo que tenemos hecho de prevención entre pares; hemos derogado códigos contravencionales. Me parece que cuando hay mujeres que tienen tantos ovarios para llevar adelante una organización como la nuestra, no pueden ser consideradas víctimas”, arrancó su exposición contundente.

Elena declaró enfáticamente su postura, para evitar cualquier comentario malintencionado: “nosotras estamos totalmente en contra de la trata de personas”. Sin embargo también aclaró que la actual Ley de Trata de Personas “está siendo mal interpretada, y hacen que esta herramienta sea algo justo para la policía, para seguir avanzando en la clandestinización del trabajo sexual”.

Para hacer más explícito aún su relató, la Fundadora de AMMAR compartió la historia de 9 compañeras de Rosario que alquilan una casa para poder ejercer el trabajo sexual. “Entro el procedimiento anti-trata a ese lugar, les secuestraron los teléfonos, todo el dinero que las chicas habían hecho, las pusieron contra la pared, las revisaron, mejor dicho las manosearon, ¿eso no es violencia?”, preguntó a los presentes.

“Y que quede claro que nosotras no estamos de acuerdo con los prostíbulos. Ahora la realidad nos marca que hay compañeras que eligen trabajar puertas adentro, y quién somos nosotras para decirles que vayan a trabajar a la calle. A parte, ¿para qué? ¿para que se la lleve la policía? ¡No! Hasta que no logremos un marco legal que realmente reconozca el trabajo sexual, donde las compañeras puedan alquilar sus departamentos para hacer sus cooperativas de trabajo, donde las compañeras no las moleste más la policía, hay que buscar algo intermedio”, explicó la referente.

La Secretaria Ejecutiva de RedTraSex, dejó una pregunta para Colombo, que nunca fue respondida: “¿Por qué se puede entrar con tanta facilidad a un prostíbulo y hacer las aberraciones que le hacen a las compañeras, que están trabajando por decisión propia, y por qué no se puede entrar en un campo, donde hay niños de 4 o 5 años levantando huevos?”.

Tal como lo remarcó Elena, el mayor enemigo de las trabajadoras sexuales es la policía y explicó como la criminalización del trabajo sexual, expone a quien lo ejerce a una mayor vulnerabilidad a la violencia y abusos policiales. Detenciones arbitrarias, sometimiento a análisis y chequeos compulsivos, extorsiones económicas o la solicitud de “favores sexuales" son prácticas habituales a las que las trabajadoras sexuales se enfrentan.

Para finalizar, la fundadora de AMMAR pidió que se las convoque para trabajar en forma conjunta. “Si hay alguien que sabe donde hay trata, se llama AMMAR. No todo está en los informes, está en la práctica nuestra de todos los días. Y las primeras que queremos que se erradique el tema de trata somos nosotras, pero no de esta manera. Armando una mesa de trabajo donde nosotras podamos hacer denuncias y no terminar como Sandra Cabrera, que terminó con un tiro en la nuca, o como la compañera de Paraná que está amenazada”, dijo Elena contundente.

“Sabemos que dentro del gobierno hay gente comprometida. Si hay responsabilidad en serio, trabajemos juntos para que nosotras tengamos un espacio y nos demuestren que hay acciones y no seguir entrando a los prostíbulos obligando a las compañeras a que digan que son tratadas cuando no lo son”, pidió Elena.

La actual asesora de AMMAR cerró su exposición contando al público que existe un decreto presidencial: 1086/2005 en el que Néstor Kirchner reconoció al trabajo sexual como trabajo, con todos los derechos para quien lo ejerza. “Kirchner era de avanzada y como él lo quería esperemos que se pueda trabajar por sus ideales”, dijo Elena.

Citando a Abracinskas “queda mucho por hacer”, un largo camino por recorrer, distancias que acercar y posturas gubernamentales que deberán necesariamente abrirse y escuchar a las protagonistas y afectadas por estas políticas.

Solo cuando toda la sociedad reconozca, respete y garantice los derechos de las mujeres, en su amplia diversidad, se estará más cerca de lograr una sociedad justa.

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