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29/05/2012 - Secretaría Ejecutiva

Ojos que no ven, corazón que no siente

Recientemente se hizo público el escándalo de Colombia: hombres de la custodia del Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica contrataron a mujeres trabajadoras sexuales y luego se negaron a pagarles. Ellas los denunciaron y a partir de allí se inició una persecución, no solo a las compañeras involucradas, sino también el acoso cayó sobre las mujeres que trabajaban en la vía pública. Parecería el fin de una crónica, pero el detrás de escena es mucho más complejo.


El escándalo de *Colombia* nos llama a la reflexión y a la denuncia de moralismos simplistas que delatan lugares de hipocresía, ceguera y exclusión.

El hostigamiento hacia las trabajadoras sexuales, en realidad es una muestra de cómo se continúa criminalizando el trabajo sexual, y cómo se sumerge a este trabajo en la más triste y dura clandestinidad.

Mientras nos culpabilizan por ejercer el trabajo sexual y se inventan historias inverosímiles sobre nuestra “peligrosa presencia”, se oculta la persecución y represión de una comunidad, una situación profundamente dolorosa para cualquier sociedad democrática. No casualmente se invisibilizan nuestras dificultades para trabajar y vivir en libertad: si no nos ven, no podemos reclamar.

Los hechos en Colombia nos recuerdan que las trabajadoras sexuales estamos, y nos enfrentamos a abusos de poder, a violaciones de derechos humanos y a una violencia de género institucional, cada día, en cada país de la región. Trabajamos en un marco totalmente irregular, sin leyes que resguarden nuestros derechos laborales y humanos, enfrentando la discriminación y el estigma. Y sino pregúntenle a las 21 compañeras implicadas en el escándalo por qué debieron refugiarse en una isla y muchas piensan en irse de Colombia.

Las organizaciones y líderes de la RedTraSex desde su origen asumimos nuestra identidad como mujeres trabajadoras sexuales y con esa declaración reconocimos la doble discriminación que sufrimos por ser mujeres y por ser trabajadoras sexuales. Y al mismo tiempo entendimos que el cambio dependía de nosotras, que nadie mejor que las trabajadoras sexuales para hablar de nuestra propia vida y defenderla frente a cualquier adversidad. Ese, creemos es el mejor homenaje que podemos hacerle a las compañeras que han dado su vida luchando por nuestros derechos.

Con esa convicción generamos iniciativas que fortalecen nuestro lugar de mujeres trabajadoras, como es el caso del proyecto del *Fondo Mundial* que estamos desarrollando desde la RedTraSex. Trascendimos todo tipo de dificultades para lograr que nos aprobaran un proyecto para fortalecer a todas las organizaciones de la red, un proceso que nos permitirá incidir en políticas públicas y exigir que de una vez por todas dejemos de ser palabra prohibida.

Hoy exigimos a nuestros gobiernos que dejen de mirar para otro lado y demandamos los mismos derechos y deberes del resto de los y las trabajadoras de nuestros países, y así lo plantearemos ante la OEA en su próxima Asamblea General, que se celebrará en Bolivia los primeros días de junio.

Estos son los desafíos que se plantean en la construcción por una sociedad más justa y equitativa, no será un camino fácil, pero es el que elegimos transitar.

Elena Reynaga

Secretaria Ejecutiva de la RedTraSex