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25/11/2015 - Secretaría Ejecutiva

Caminamos por una América Latina de trabajadoras sexuales empoderadas y autónomas, ¡sin femicidios ni impunidad!

Este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, desde la RedTraSex alzamos nuestra voz para denunciar la impunidad y la complicidad estatal en la violencia que se ejerce contra las trabajadoras sexuales en toda la región. Las trabajadoras sexuales caminamos juntas por una América Latina de mujeres fuertes y autónomas, sin femicidios ni impunidad.


Este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, desde la RedTraSex alzamos nuestra voz para denunciar la impunidad y la complicidad estatal en la violencia que se ejerce contra las trabajadoras sexuales en toda la región. Nuestros tacones aplastan el machismo y la doble moral de esta sociedad. Las trabajadoras sexuales caminamos juntas por una América Latina de mujeres fuertes y autónomas, sin femicidios ni impunidad.

Para terminar con la impunidad, un primer paso es visibilizar las violencias contra las mujeres trabajadoras sexuales y exigir las respuestas que corresponden. Entre septiembre de 2013 y octubre de 2015 la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe registró más de 75 ejecuciones extrajudiciales de mujeres trabajadoras sexuales en la región. Y decimos “extrajudiciales” porque nunca llegan a juicio ni se castiga a los culpables: casi sin excepción todos los crímenes continúan impunes.

Como ya denunciamos en la investigación Situación de derechos humanos de mujeres trabajadoras sexuales en quince países de las Américas, presentada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), nos asesinan cuando nos negamos a trabajar o a continuar trabajando para un proxeneta; si resistimos el pago de “cuotas” a mafias, maras y fuerzas de seguridad; por llevar adelante denuncias contra determinados sectores de poder que buscan lucrar con el trabajo sexual… y, también, nos asesinan por el hecho de ser mujeres trabajadoras sexuales, a causa del género, el estigma y la discriminación.

La mayoría de los crímenes contra trabajadoras sexuales se produjeron en el Salvador (27), Honduras (22), Colombia (14), República Dominicana (11), pero también hay casos en Bolivia, Chile y Argentina. No existen registros oficiales sobre estos femicidios ni sobre otras situaciones de extrema violencia, como las exigencias de sobornos en dinero o en favores sexuales por parte de funcionarios de las fuerzas de seguridad, entre otras formas de violencia de género.

Las violaciones a los derechos humanos de las trabajadoras sexuales quedan sin documentar porque las compañeras desisten de denunciar en las instituciones del mismo Estado al que pertenece el agresor. Se anticipan a la probabilidad de ser discriminadas por el poder judicial y buscan evitar una re-victimización o quedar expuestas represalias por parte de los agresores. La imposibilidad de declarar o denunciar en calidad de trabajadora sexual con la tranquilidad de que esto será motivo de respeto de sus derechos y no lo contrario – dado que el trabajo sexual no es reconocido como un trabajo más– perjudica la existencia de registros confiables, completos y oficiales.

Son muchos los factores que se combinan en la violencia de género contra las trabajadoras sexuales: intereses económicos y políticos, la doble moral de la sociedad y el machismo.

Así lo demuestra el juicio por el crimen de Sandra Cabrera, dirigente de AMMAR Rosario (Argentina), asesinada de un balazo en la cabeza el 27 de enero de 2004. Sandra llevaba dos años denunciado la complicidad policial en la trata y la explotación sexual infantil, cobros de cuotas y detenciones arbitrarias a trabajadoras sexuales. A raíz de sus denuncias fue removida la cúpula de la División Moralidad Pública de la policía provincial. No obstante, en el juicio por su asesinato, se desestimaron a las trabajadoras sexuales que se presentaron a testificar, con el argumento de ser “poco confiables” por sus hábitos como mujeres de la calle. Y el crimen continúa impune.

En la actualidad estas violencias contra las trabajadoras sexuales se conocen y se sistematizan con el esfuerzo de las organizaciones de la región, pero –como todavía sucede con la violencia de género en general- no forma parte de las decisiones de los gobiernos registrarlas y generar respuestas con políticas públicas serias y sostenidas. Sabemos que son nuestros tacones activistas, con pasos de mujeres valientes, autónomas y organizadas, los que pueden lograr que se respeten los derechos de todas.

El 25 de noviembre fue declarado Día de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres en conmemoración de las tres hermanas Mirabal, activistas políticas de la República Dominicana brutalmente asesinadas en 1960, por orden del dictador Rafael Trujillo. Este gobernante había querido ganar los favores sexuales de Minerva Mirabal, quien en cambio le señaló las violaciones a los derechos humanos en su país. En la actualidad, las mujeres trabajadoras sexuales vivimos a diario el acoso de los agentes públicos, que intentan que les paguemos con sexo a cambio de no llevarnos detenidas ni molestarnos en nuestro trabajo.

Y si bien ninguno de los países cuenta con legislación que penalice el ejercicio del trabajo sexual, esto no alcanza para impedir que se violen constantemente los derechos de las trabajadoras sexuales en Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, Perú, Belice, Colombia, Panamá, República Dominicana, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México. Nuestros tacones avanzan para terminar con el machismo y la doble moral de esta sociedad. Las trabajadoras sexuales caminamos juntas por una América Latina de mujeres fuertes y autónomas, sin femicidios ni impunidad.

Elena Reynaga
Secretaria Ejecutiva