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18/02/2014 - Secretaría Ejecutiva

Comunicado de la RedTraSex en referencia a las declaraciones del Diario Universal en torno al “caso” de Alejandra Gil

El día de ayer, en un periódico mexicano, se publicó una editorial que profundiza la confusión existente entre el desempeño del trabajo sexual y la trata y esclavización de personas con fines sexuales.
Desde la RedTraSex hemos decidido responder.

El día 17 de febrero de 2014 Lydia Cacho hizo uso de su espacio de redacción en el periódico El Universal de México , exponiendo lo que ella considera una visión realista del problema de la trata de personas para fines sexuales, el apresamiento de Alejandra “la Madrota de Sullivan”, el trabajo sexual y otras confusiones que de manera intencional la prensa parece sostener. Disponible en http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2014/02/68779.php

No haremos en este comunicado aclaraciones sobre las declaraciones de “la mujer australiana directora de la red mundial de sexoservidoras” porque su coordinadora podrá, en caso de así desearlo, dar curso a su réplica por haberse malinterpretado sus palabras.
Lo que sí haremos es una necesaria diferenciación de definiciones y argumentos.

Desde hace un tiempo bastante largo (17 años) desde la RedTraSex hemos iniciado un proceso claro de separación conceptual entre trata y trabajo sexual. Esta diferenciación es necesaria para descriminalizar la práctica del trabajo sexual y para desalentar la confusión con fines desaprobatorios que sostienen en contra de las trabajadoras sexuales.
En primera instancia y como premisa irrenunciable nosotras repudiamos enérgicamente la trata de personas, así como luchamos en contra de la misma y en contra de cualquier violación a los derechos humanos.

Buscamos la eliminación de cualquier tipo de dominación, vejámenes, violencia y esclavitud (sexual o de cualquier otro tipo).
Es por esta causa que hace años luchamos por una Ley de Trabajo Sexual Autónomo, para eliminar las figuras de intermediarios y proxenetas, y, además, empoderar a nuestro colectivo de trabajo y lograr deshacer las mafias policiales, judiciales y políticas generadas en torno al “negocio sexual”.

En segunda instancia, haciendo referencia al problema de “moralizar el uso que las mujeres hacen de su cuerpo como les parezca” (parafraseando a la autora) queremos declarar que es indudablemente eso lo que se busca al mezclar trata con trabajo sexual. Al criminalizar el uso de nuestro cuerpo y de nuestra sexualidad en el desarrollo de nuestra profesión, se cubre con un manto moral algo que no debería cubrirse más que con la decisión de cada mujer libremente.

La autora dice que no todas, pero muchas defensoras de derechos humanos de lo que ella denomina la industria del sexo son tratantes. Sin embargo, la realidad indica que los mayores tratantes provienen de las altas esferas de poder, que si bien no están en la acción concreta del secuestro y la esclavización, son parte del entramado que permite que esto suceda y que coordina la logística de estas acciones. Son innumerables los casos en los que, por ejemplo, políticos o policías han estado relacionados con esto, sin embargo cuando un caso como el de Alejandra se hace conocido, parece que la responsabilidad de sus acciones recae sobre todas nosotras. Esta es una forma más de empañar nuestra lucha con acusaciones que no atacan a la trata de personas (que sigue lamentablemente cobrándose nuevas víctimas), sino al libre ejercicio de nuestro derecho de ser trabajadoras sexuales.

Lydia Cacho expresa que hay una gran perversidad en el debate y nosotras agregamos que esa perversidad no es más que la que interfiere en nuestra lucha intentando quitarnos la voz para gritar por nuestros derechos y confundiendo nuestro trabajo con una violación a los derechos humanos como lo es la trata.
La perversidad en el debate es intentar que por una persona sancionable sobre la cual la justicia y la ley decidirán el futuro, todo el trabajo colectivo de las trabajadoras sexuales que luchamos por una ley que nos ampare en nuestro derecho de trabajo autónomo seamos sancionadas en un comunicado con un fin moralizante indiscutido.

Si, como solemos decir, las trabajadoras sexuales no somos parte del problema, sino parte de la solución, nuestra organización y nuestra lucha, son parte de la solución a favor del trabajo autónomo, del empoderamiento femenino y de la lucha por una sociedad más justa. Y eso es también parte de la solución al problema de la trata y de la esclavitud.

Repudiamos el proxenetismo, la trata de personas y la hipocresía de que, citando a la autora, “un tratante se disfrace de defensor de derechos humanos”, pero también repudiamos la decisión consciente de manchar nuestra lucha con confusiones y generalizaciones que sólo tienden a querer desalentarnos.

Las cárceles latinoamericanas están llenas de mujeres que por diferentes razones (sobre las que habrá que trabajar y desentramar) han explotado a sus pares. Mujeres que decidieron profundizar el sistema vigente y explotar a otras mujeres. Sin embargo, los grandes proxenetas, los magnates traficantes, los verdaderos explotadores están muchas veces sentados en los congresos, dando discursos políticos en los palcos, detrás de escritorios aplicando sentencia, juzgando con su moral desde un sillón en una casa de gobierno, dirigiendo redadas policiales atacando compañeras, usando trajes de las fuerzas policiales, vistiendo elegantes ropas al dar conferencias de prensa.
Es desde esos espacios de poder que se digitan y manejan los hilos de la trata, la explotación, el tráfico.

Desde la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe sabemos que la estrategia más firme para erradicar el proxenetismo es la existencia de una Ley de Trabajo Sexual Autónomo que regule nuestro trabajo y nos respalde para poder hacer un libre ejercicio de nuestra profesión, siendo conscientes de nuestros derechos y amparándonos en un marco legal que nos proteja.

Elena Eva Reynaga

Secretaria Ejecutiva

RedTraSex

www.redtrasex.org

Si desean descargar el comunicado, pueden hacerlo aquí:

PDF - 225.2 KB