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16/12/2013 - Noticias de interés

El paso de los años, enemigo de las trabajadoras sexuales

El estudio de estigma y discriminación a mujeres trabajadoras sexuales en los servicios de salud que hemos producido desde Redtrasex sigue haciendo eco en la prensa de Ecuador. El diario La Hora revisa la cuestión del trabajo sexual y el paso de los años a través de los datos de nuestro estudio.

De acuerdo con la encuesta presentada esta semana por la Red de Trabajadoras Sexuales del Ecuador, el 79% de las mujeres que se dedican a esta actividad están entre los 21 y 40 años, siendo un porcentaje mínimo las encuestadas mayores de 40.

Quienes superan esa edad tienen dificultades para conseguir clientes y para llevar dinero a su casa, según contaron a La Hora varias trabajadoras sexuales. Los años no pasan en vano, dejan duras huellas y en esta actividad eso se siente aún más, dijeron.

María (nombre protegido) es una de aquellas mujeres que en su tiempo “brindó placer” a muchos hombres, pero que hoy apenas logra alzarse un cliente en el día. Aunque asegura que tiene 51 años, su rostro aparenta por lo menos una década más. “Si me hubiese visto en mis buenos tiempos, se quedaba boquiabierto”, dice María, quien deambula sola por una de las calles del centro histórico de Quito, esperando que alguien se fije en ella.

“Antes solicitaban mis servicios los muchachitos que transitaban por este sector, ahora sólo los viejos lo hacen”, afirma. Se mantiene alejada de las más jóvenes, un grupo de 8 chicas, aproximadamente, porque dice que son dura competencia, ya que, estando en el mismo lugar, “ellas siempre serán las preferidas de los clientes”.

Historias

Manabita de nacimiento, María asegura que llegó a Quito a los 8 años de edad y que desde entonces vivió en ese ambiente, que le llevó, además, a la drogadicción. Ejerce el oficio desde que tuvo 16 años, cuando su protectora falleció. Nunca conoció a sus padres. “Yo era muy solicitada, me metía buena plata, ahora no alcanza ni para comer”, dice evocando recuerdos.

En ese entonces no se sabía nada de Derechos Humanos ni de condones, por lo que se contagió de enfermedades de transmisión sexual, y las autoridades le maltrataban y le perseguían, según su narración. Varias veces fue a dar a la cárcel por ser menor de edad. Su época dorada fue cuando estuvo entre los 20 y los 30 años.

Situación similar vive Ruth (nombre protegido), de 58 años. Ella trabaja en los alrededores de los mercados del centro. “Cosa dura es la vejez. Cuando era joven pagaban lo que yo pedía y hasta los clientes me invitaban a comer. Hoy, si es que alguien se acerca, paga lo que le da la gana”, dice. “Es que a una ya no le ven pintada, ni con buenas ropas, ni con olor a perfume, se acabó la bonanza”, dice.

María y Ruth afirman que en sus historias se cruzaron hombres que les dejaron sin dinero, que las explotaban. Están acostumbradas a los riesgos de la calle, pero reconocen que sus cuerpos han envejecido prematuramente, ya que han pasado en ese ritmo más de la mitad de su vida. Una tercera trabajadora sexual aseguró que ahora vende caramelos, porque llegó un momento en su vida en que ya absolutamente nadie contrataba sus servicios.

La experiencia ajena

Elizabeth (nombre protegido), colombiana de 33 años, reconoce que sus compañeras mayores se alejan del grupo. “Pasan días sin que logren hacerse un punto, nadie les regresa a ver”, afirma. Reconoce que la edad es un factor fundamental para ejercer esa actividad.

Por eso, su meta es seguir en el oficio unos cuantos años más y luego retirarse. “Ellas botaron toda la plata, no supieron ahorrar y por eso hoy están así. Yo sí guardo algo”, manifestó la joven. (HCR)

Entrevista

‘Les pagan lo que les da la gana’

Lourdes Torres es presidenta de la Asociación Pro Defensa de la Mujer, que agrupa a las trabajadoras sexuales de Quito. Asegura, a sus 49 años, que en su tiempo se acostaba hasta con 200 hombres al día en las mejores casas de cita del país, pero que al pasar los años no le tocó más que ejercer el oficio en sitios como la 24 de Mayo. “Si ahora me paro en el chongo, me haré máximo uno, y eso por curiosidad del cliente”, dice.

¿Este oficio envejece más que los demás?

Sí, porque una ya no tiene un cuerpazo y se convierte en una mujer gorda, flácida, consumida por el sol. Una envejece más rápido. Le acaba la autoestima.

¿Y por qué permanecen en la calle?

Porque ellas nunca pensaron que el tiempo les agarraría. No se saben valorar, porque si ya no hacen plata deberían buscar otro trabajo. El problema es que nadie quiere ir a ganar un sueldo miserable.

¿Pero se puede salir de esto?

Se puede, pero en un momento dado esto se convierte en una costumbre: primero un día, luego otro y otro. Que primero es porque no tengo para el televisor, luego que no tengo para la ropa y así se van dando los pretextos.

¿Cuál es la realidad que viven las trabajadoras sexuales mayores?

Son víctimas de abuso de los clientes. Porque ya no son jóvenes les pagan lo que quiera. Pongo un ejemplo: aquí en la calle un punto vale 10 dólares, pero como la compañera tiene más de 50 años le dan cinco con todo y cama, que cuesta tres, es decir, a ella le quedan dos dólares. Se van por tener un bocado de comida.

¿Cuál es la edad más productiva, por llamarlo de alguna manera?

Desde los 18 años hasta los 40, si saben conservarse. Después no le queda más que buscar algo para llevar a la olla. El problema es que no están acostumbradas a ahorrar, es un trabajo diario y se hace plata de bolsillo.

79%
de las trabajadoras sexuales tiene entre 21 y 40 años.

75.000
mujeres ejercen este oficio en el país.

Fuente: Diario La Hora 13/12/13