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10/07/2013 - Noticias de interés

El Salvador: Las trabajadoras en el olvido

En el país existen aproximadamente 13, 305 trabajadoras sexuales, que a diario enfrentan discriminación y poco apoyo para enfrentar los riesgos de su labor.

Compartimos interesante artículo publicado por diario El Mundo donde se retrata la situación actual de las trabajadoras sexuales en El Salvador.

Movimientos como Orquídeas del Mar, conformado por trabajadoras sexuales, buscan que la Asamblea Legislativa acepte analizar y emitir una ley que proteja el trabajo sexual y ayude a defender sus derechos humanos.

Todos merecemos una vida digna, no solo los diputados”, es el mantra que ayuda a Haydee Laínez a moverse, a avanzar en la lucha contra la discriminación hacia las trabajadoras del sexo y lograr que algún día El Salvador provea de un marco legal que proteja su trabajo. En 2005, Haydee, o Rossy, en compañía de María Consuelo Raymundo, fundaron el movimiento Orquídeas del Mar con el objetivo de impulsar acciones orientadas a la promoción de los derechos humanos de las mujeres al trabajo sexual; además desarrollan iniciativas enfocadas en mejorar los marcos normativos y legales sobre el trabajo sexual en el país.

Consuelo, también conocida como Connie y actual presidenta del movimiento, aseguró que fue Haydee quien se entregó completamente a la misión de fundar una organización que lograra alcanzar la ilusión de sus compañeras de ser tratadas con dignidad y tener la garantía de que el Estado les ayude cuando sus derechos han sido violados. La entrega de Haydee proviene de los 20 años que lleva como trabajadora sexual que le dejó múltiples experiencias como víctima de discriminación.

Bajo una sensación de olvido

Actualmente en el país se calcula que hay 13,305 trabajadoras sexuales. A través de Orquídeas del Mar se ha logrado trabajar con alrededor de 1, 700 mujeres en temas de prevención de enfermedades como el VIH-SIDA, Infecciones de Transmisión Sexual, además de intentar informarles sobre sus derechos y qué hacer cuando son víctimas de vejámenes.

Sin embargo, Haydee sostiene que su labor necesita de un respaldo legal, que les permita exigir cuando sus derechos son violados ya que en la mayoría de los casos las denuncias de las trabajadoras sexuales caen en oídos sordos.

Describe que muchos de sus clientes las llevan a una habitación con la idea de asaltarlas o lastimarlas, e incluso matarlas. No son raros los casos de quienes creen tener derecho de acostarse con ellas sin pagar. Tampoco se han librado del acoso de las pandillas, debido a que adjudican un territorio, les exigen pagos o reciben amenazas. Haydee señala que de las autoridades como el CAM también reciben abusos.

Presencia de las trabajadoras

En los últimos años hemos comprobado que hay un aumento de las mujeres trabajadoras sexuales. Sabemos que tiene que ver con la economía y con la falta de oportunidades que hay para las mujeres. Si no hay empleos, donde las mujeres podamos desarrollarnos, habrá más trabajo sexual”, aseguró Haydee, quien señaló que el Estado aún no ha podido garantizar el acceso a los derechos humanos de todas las personas como la educación y una vivienda digna.Uno de los principales deseos de Haydee y Connie es que llegue el momento en que todos los derechos básicos de los salvadoreños estén garantizados y entonces el trabajo sexual sea una opción, no una imposición.

Apuntó que, por el momento, el trabajo sexual no es legal, pero tampoco ilegal y ese vacío de ley les estaría afectando. El movimiento trabaja en el desarrollo de una propuesta de ley de Trabajo Sexual. Haydee dijo que buscan aliados en la Asamblea Legislativa y ya se habían acercado a la unidad de Género para obtener una guía de cómo abordar el proceso. Haydee está consciente de la posibilidad de que el proyecto no logre concretarse. “Por la doble moral se dirán muchas cosas, pero clientes de todos los estratos, de todos lugares siempre hay”, afirmó.

Como parte de su trabajo, presentaron un estudio sobre la Incidencia y la Participación Política de las Mujeres Trabajadoras Sexuales en El Salvador, realizado en 2012 con el apoyo de la Red de Trabajadoras Sexuales para América Latina (Redtrasex).

Se destacó que ocho de cada 10 trabajadoras sexuales que laboran en lugares cerrados (discotecas, clubes nocturnos o bares) fueron forzadas alguna vez a tener relaciones. En cuanto a la protección de enfermedades, el 53% de las que ejercen el trabajo en lugares cerrados usan el condón de forma consistente mientras en lugares abiertos, solo el 21% lo usa.

Para Haydee uno de los mayores logros es que entre las trabajadoras sexuales la prevalencia del VIH es del 3%, ello indica que están informadas sobre la prevención. El 75% de las trabajadoras sexuales organizadas y el 36.3% de las no organizadas estableció haber realizado una denuncia específicamente por golpizas, agresiones, violación o abuso sexual. No hay registro de que sus denuncias hayan sido escuchadas.Ante la situación, Haydee reiteró que se vive bajo una sociedad que solo intenta presentarse como puritana.Hasta la fecha, no existe un censo a profundidad que indique cuál es el rango de edades de las trabajadoras sexuales contabilizadas.

Para el movimiento, poseer ese censo sigue como una valiosa meta a futuro. En cierta forma, lo que Haydee más desea es el reconocimiento de los salvadoreños. “Para empezar que entiendan que esto es un trabajo, no pedimos nada especial, somos seres humanos que buscamos reconocimiento”, exteriorizó.

El ejemplo de Uruguay

Uruguay ha sido uno de los países donde hay una ley de trabajo sexual. Aunque la presidenta del movimiento Orquídeas del Mar, Consuelo Raymundo, consideró que aún tiene limitantes, es un avance que las anima a seguir trabajando.

El 4 de junio de 2002, el senado y la cámara de representantes de Uruguay decretaron la Ley Nº 17.515 de Trabajo Sexual. La ley no solo legaliza el trabajo sexual, también da oportunidades a los involucrados de tener acceso a servicios similares al seguro social salvadoreño. Asimismo establece un registro nacional de las trabajadoras sexuales para que se garantice que el trabajo se realice con la menor cantidad de riesgos posibles.

Raymundo añadió que falta que el país ratifique la enmienda 200 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) donde reconoce el trabajo sexual como un trabajo.